En 2019, Natanael Cano lanzó “Soy el diablo” y casi nadie fuera de Hermosillo lo escuchó. Tres años después, los corridos tumbados — también llamados corridos bélicos o corridos de nueva era — eran el género musical más escuchado de México y uno de los más populares de toda América Latina. Esta ascensión meteórica ha generado una división cultural que refleja tensiones profundas sobre identidad, clase y valores en el México contemporáneo.
Qué son los corridos tumbados
Los corridos tumbados son una evolución del corrido norteño — el género que desde el siglo XIX ha narrado hazañas, amores y tragedias en la frontera norte de México — fusionado con el hip-hop y el trap estadounidenses. El resultado es una música con letras que hablan abiertamente de narcotráfico, lujo material y violencia, sobre beats electrónicos que suenan más a SoundCloud que a Norteña.
Lo que distingue a los corridos tumbados de los narcocorridos tradicionales es la actitud: donde el corrido viejo narraba a distancia y con cierto respeto épico, el tumbado habla en primera persona, con la arrogancia del que ya llegó, con una estética del exceso que debe más al rap gangsta que a los sones norteños.
La división que genera
La reacción de la sociedad mexicana ante los corridos tumbados ha sido reveladora. La clase media y alta, los académicos y los columnistas de periódicos los han condenado como glorificación del narco, como música que corrompe a los jóvenes, como síntoma de la degradación moral del país.
Los defensores — y son muchos, especialmente en el norte y entre los jóvenes de clases populares — señalan la hipocresía de esta condena: México lleva décadas produciendo narconovelas de televisión abierta que glorifican al narco con producción profesional y actores reconocidos, y nadie las prohibió. Por qué el corrido de un joven de Sonora merece un trato diferente.
Lo que el fenómeno revela
Los documentales y análisis que han explorado el fenómeno de los corridos tumbados más allá de la condena moral han encontrado algo interesante: estos géneros son populares en las regiones y entre los grupos sociales que han vivido más de cerca la presencia del crimen organizado en la vida cotidiana.
No es que esa música cause la violencia — causality en sentido contrario es imposible de demostrar. Es que refleja una realidad que existe, que muchos jóvenes mexicanos conocen de primera mano y que los géneros musicales del establishment no nombran.
Peso Pluma, el artista más famoso de los corridos tumbados, nació en Guadalajara y creció en un contexto en el que el narco no era una abstracción. Su música habla de lo que conoce. Que millones de personas se identifiquen con ella dice algo sobre México que ningún informe de gobierno puede capturar.
[ QUICK POLL // 60 SECONDS ]