En el verano de 2022, la presa La Boca en Monterrey llegó al 0% de su capacidad. Millones de personas en la zona metropolitana de Monterrey — la tercera ciudad más grande de México y uno de sus centros industriales más importantes — enfrentaron restricciones severas de agua potable durante semanas. Lo que parecía una crisis repentina llevaba décadas anunciándose. Los documentales que habían registrado el problema del agua en México lo sabían.
Un país que usa el agua como si no acabara
México extrae agua de sus acuíferos a una tasa muy superior a la de recarga natural. De los 653 acuíferos identificados en el país, más de 100 están sobreexplotados. Las ciudades grandes — Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey — dependen en parte significativa de agua extraída de acuíferos que tardarán siglos en recuperarse si la extracción cesa mañana.
Esta realidad no es secreta: los organismos de gestión hídrica la conocen desde hace décadas. Los documentales que han seguido a los investigadores de agua en México han capturado tanto la solidez del diagnóstico científico como la incapacidad o el desinterés político para actuar en consecuencia.
El agua como negocio y como derecho
México privatizó parcialmente la gestión del agua en los años 1990, siguiendo las recomendaciones de organismos financieros internacionales. El resultado ha sido un sistema en que las grandes empresas — la industria agrícola de exportación, la industria refresquera, la minería — acceden a concesiones de agua a precios muy bajos mientras las comunidades rurales enfrentan escasez.
Los documentales que han seguido conflictos por el agua en México — las comunidades que bloquean plantas cerveceras, los agricultores que litigan contra mineras que contaminan sus ríos — están documentando la contradicción entre el agua como derecho humano reconocido en la Constitución y el agua como mercancía.
Las comunidades que ya viven sin agua
En muchas regiones de Guerrero, Oaxaca, Chiapas y el norte árido de México, las comunidades ya viven con una restricción hídrica severa y permanente. Las mujeres que caminan horas para conseguir agua, los niños que crecen en colonias sin red de drenaje, los pueblos enteros que dependen de pipas que llegan irregularmente — estos testimonios documentales son la cara humana de una crisis que los indicadores estadísticos no pueden transmitir.
Los documentales sobre agua en México son, finalmente, documentales sobre desigualdad: la crisis hídrica no afecta por igual a todos los mexicanos, y los que más la sufren son invariablemente los que menos poder tienen para cambiar la situación.
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